¿Hasta dónde llegamos aquella vez?
Por Joel Ferrer
 
Hay victorias que valen tres puntos y hay victorias que, con el paso del tiempo, terminan contando una historia distinta. El 2-0 de Querétaro sobre Chivas en el Estadio Akron pertenece a esa segunda categoría. No solamente porque Gallos volvió a ganar en Guadalajara después de casi 12 años, sino porque, curiosamente, el último triunfo también había llegado en una tarde que parecía marcar el comienzo de algo especial.
Era septiembre de 2014. El mundo era otro y también lo era Querétaro. Apenas unos días antes, el futbol mexicano había recibido una de esas noticias que parecían imposibles: Ronaldinho llegaba a los Gallos. Aquel 21 de septiembre, en el entonces Omnilife, el brasileño marcó su primer gol en México y asistió a Camilo Sanvezzo en una victoria de 4-1. En aquel equipo estaban también Sinha, Danilinho, William da Silva, Orbelín Pineda y una generación de futbolistas que terminaría construyendo una de las páginas más importantes en la historia del club. 
Doce años después, no hay Ronaldinho. No hay nombres que por sí mismos llenen estadios ni camisetas que pesen por su pasado. Hay algo distinto. Hay futbolistas que todavía están escribiendo su propio nombre y, sobre todo, hay un entrenador que parece haber encontrado una idea sobre la cual construir. Esteban González ha conseguido que este Querétaro compita, que entienda cuándo acelerar y cuándo resistir, y que convierta sus oportunidades en goles. 
Y aquí está la diferencia que más me interesa. Aquel Querétaro tenía estrellas que despertaban ilusión. Este Gallos está construyendo futbolistas que pueden convertirse en protagonistas de su propia historia. Después de diez jornadas, el equipo aparece cuarto con 17 puntos y un partido pendiente. Eso todavía no garantiza nada, pero sí obliga a mirar de otra manera lo que está sucediendo.
Quizá por eso este 2-0 se siente diferente. Porque el futbol tiene memoria y, algunas veces, parece empeñado en abrir viejas puertas. En 2014, Querétaro llegó a Guadalajara con Ronaldinho y salió de ahí convertido en noticia. En 2026 llegó sin aquella constelación de estrellas y salió con algo que puede ser todavía más importante: la sensación de que hay un equipo.
Hace 12 años nació una ilusión que terminó llevando a Gallos hasta la primera Final de Liga MX de su historia. Hoy no tenemos derecho a exigirle a este equipo que repita aquella historia, pero sí podemos permitirnos soñar con escribir una nueva. Porque quizá las grandes historias no siempre comienzan con un crack mundial.
A veces comienzan con un 2-0 en Guadalajara.
Y entonces aparece una pregunta que resulta imposible no hacerse: ¿hasta dónde llegamos aquella vez? Llegamos hasta una Final. Hasta mirar de frente la posibilidad de levantar el trofeo más importante de nuestra historia. Y quizá por eso, doce años después, cuando este Gallos vuelve a ganar en Guadalajara, uno se permite soñar otra vez. No porque la historia tenga que repetirse, sino porque el futbol a veces nos regala esas pequeñas señales que alimentan la ilusión. ¿Hasta dónde puede llegar este equipo? Eso todavía nadie lo sabe. Pero qué bonito sería descubrirlo caminando por un camino que, de alguna manera, ya conocemos.
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