Por Joel Ferrer
Hay partidos que uno espera por los tres puntos y hay otros que, desde días antes, empiezan a sentirse distintos. Gallos contra Atlas pertenece a esa segunda categoría.
Y quizá esta vez el ingrediente más interesante no está solamente en la historia que existe entre ambos, sino en el momento en el que llegan los dos equipos.
Querétaro arrancó el torneo con argumentos para ilusionar. Venció a Tigres y después compitió en un inicio que lo llevó a sumar siete puntos tras cuatro jornadas. Después llegó la derrota 1-2 ante Toluca en la Jornada 5. Atlas, en cambio, viene haciendo ruido arriba: tras cinco fechas suma 12 puntos y ocupa el segundo lugar de la tabla, luego de haberle ganado a Cruz Azul como visitante.
Eso le pone otro sabor al partido.
Porque para el aficionado queretano no es simplemente enfrentar a Atlas. Es regresar a una rivalidad que tiene memoria, que tiene capítulos que todavía pesan y que, además, encuentra a Gallos intentando demostrar que este nuevo proyecto puede competir de verdad.
Y aquí aparece algo que quienes seguimos al equipo todos los días conocemos bien: este partido se vive diferente desde la trinchera periodística.
Nosotros no solamente llegamos al sábado a contar un resultado. Hemos visto los entrenamientos, los cambios, las decisiones, los aciertos y las dudas. Hemos acompañado este proceso desde que comenzaron a aparecer las primeras señales de un equipo distinto. Por eso sabemos que una victoria ante Atlas puede significar mucho más que tres puntos, pero también sabemos que una derrota no puede borrar cinco jornadas de trabajo.
La rivalidad está ahí. Y hay que vivirla.
Pero también hay que entenderla.
Del otro lado estará un Atlas que hoy llega con argumentos y que incluso ha recuperado protagonismo en la tabla. Eso precisamente hace atractivo el partido: no se trata de fabricar una rivalidad; se trata de alimentar una competencia que ya tiene historia.
Podemos hablar de la rivalidad sin alimentar odio. Podemos defender a Gallos sin convertir al rival en enemigo. Podemos recordar los momentos más duros de esta historia sin traer al presente aquello que alguna vez hizo que el fútbol dejara de ser fútbol.
Yo quiero ver a un Gallos intenso, competitivo, incómodo, que juegue este partido entendiendo perfectamente lo que significa para su gente. Quiero ver una tribuna que empuje, que haga sentir el orgullo queretano y que recuerde que estas son precisamente las tardes por las que uno sigue al equipo.
Después de todo, la mejor manera de honrar una rivalidad es competirla en la cancha.
Gallos contra Atlas tiene historia, tiene presente y tiene una afición que entiende perfectamente lo que significa este partido.
Que haya pasión.
Que haya fútbol.
Que haya rivalidad.
Y que al final, como siempre, gane Gallos y gane el fútbol. Nada más.