Un temporada para el olvido

No hay forma de maquillarlo. El Clausura 2026 de Gallos Femenil quedará registrado como uno de los torneos más pobres en la historia del club. La goleada recibida en casa por 1-4 ante el Club América Femenil no hizo más que confirmar una realidad que se construyó jornada tras jornada: un equipo superado, frágil y sin capacidad de reacción.

A falta del último compromiso ante Santos Laguna Femenil, el balance es contundente y preocupante: una victoria, dos empates y trece derrotas. Números que no solo explican el presente, sino que evidencian un torneo que nunca encontró rumbo. Gallos no logró competir de manera sostenida, y cuando tuvo momentos favorables, fue incapaz de sostenerlos.

El equipo acumuló derrotas desde las primeras jornadas hasta convertirlas en una constante. Siete caídas consecutivas marcaron el inicio del colapso, pero lejos de encontrar respuestas, la tendencia se mantuvo hasta alcanzar cifras que hoy resultan insostenibles en cualquier proyecto deportivo. Cada partido parecía repetir el mismo guion: errores puntuales, desajustes defensivos y una falta de contundencia que terminaba por condenar cualquier intento de reacción.

Lo vimos a lo largo del torneo ante rivales como Club Deportivo Guadalajara Femenil, donde el esfuerzo no alcanzó; frente a Club León Femenil, en un duelo que se escapó por detalles; contra Atlético de San Luis Femenil, donde el equipo compitió por momentos pero terminó siendo superado; y ante Atlas Femenil, donde ni siquiera la localía fue suficiente.

No hubo evolución. No hubo respuesta.

En medio de este panorama, el proyecto encabezado por Edgar Mejía quedó rápidamente en entredicho. Su llegada representaba una nueva etapa, una apuesta por ideas frescas y un proceso distinto. Sin embargo, el fútbol no espera, y mucho menos cuando los resultados se desploman de esta manera. Hoy, su continuidad luce más como una incógnita que como una certeza.

Pero sería un error reducir todo al banquillo.

Gallos Femenil también vivió una reestructuración importante en su plantel. La salida de jugadoras clave como Alexa Herrera, Daniela Carrandi o Danna Pesántez debilitó una base que ya era limitada, y aunque la llegada de Grace Chanda aportó jerarquía internacional, el equipo nunca logró construir una identidad alrededor de sus piezas.

Un fichaje no cambia una realidad estructural.

Y esa es, quizá, la conclusión más dura de este torneo. Mientras el proyecto del equipo varonil comienza a mostrar señales de planeación y rumbo, el conjunto femenil parece haber quedado rezagado, sin una inversión clara ni una estrategia definida a mediano plazo.

Aun así, en medio de los resultados, hubo esfuerzos individuales que sostuvieron lo poco rescatable. Futbolistas que compitieron en escenarios adversos y evitaron derrotas aún más amplias. Pero el fútbol no perdona cuando lo colectivo falla, y Gallos fue un equipo que nunca logró consolidarse como tal.

Queda un último partido.

El duelo ante Santos Laguna no cambiará el balance general, pero sí puede marcar el cierre simbólico de una etapa que necesita replantearse desde sus cimientos. Porque cuando un equipo gana uno de dieciséis partidos, la discusión deja de ser futbolística y se convierte en estructural.

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