La caída número 8

El Clásico de la 57 dejó más que un resultado abultado. Querétaro Femenil volvió a tropezar, esta vez 4-1 frente a Atlético de San Luis Femenil, y el panorama comienza a volverse estructural: ocho derrotas en nueve jornadas, apenas un punto en el certamen. No es una mala tarde; es una tendencia.

El encuentro tuvo un guion claro desde el inicio. San Luis asumió el protagonismo con presión constante y ocupación agresiva de campo rival. La portería defendida por Claudia Lozoya fue exigida desde temprano. Gallos resistía, intentando ordenar líneas y enfriar el ritmo.

Sin embargo, el primer golpe lo dio Querétaro. Guillermina Grant rompió el libreto al minuto 20 con una acción individual de alta calidad: conducción, perfilación y definición certera. Fue un destello en medio de un trámite adverso. Un 0-1 que premiaba la contundencia, no el dominio.

Pero la ventaja fue efímera. Karen Cano empató antes del descanso y devolvió el partido a su cauce natural. El 1-1 no solo equilibraba el marcador, también confirmaba lo que el desarrollo ya insinuaba: el control era potosino.

En la segunda mitad, la insistencia local encontró recompensa. Silvana González firmó el 2-1 y abrió un escenario incómodo para las queretanas, obligadas a adelantarse y asumir riesgos. En ese contexto llegó el autogol de Fernanda Pérez, un golpe anímico que desarticuló cualquier intento de reacción. Isabel Kasis cerró la cuenta con el 4-1 definitivo.

Más allá de los nombres propios, el análisis apunta a la consistencia. Gallos compite por lapsos, genera momentos aislados de calidad, pero carece de continuidad en su estructura defensiva y en la gestión emocional de los partidos. Cuando el rival acelera, el equipo sufre. Cuando el marcador se inclina, cuesta recomponer.

Al finalizar el encuentro, Edgar Mejía mantuvo el discurso de trabajo y proceso:

“Sabemos que vamos a la mitad del torneo, se ve complicado, pero vamos a seguir trabajando”.

La declaración es lógica. El problema es que el calendario no espera. En torneos cortos, la recuperación no es gradual: es inmediata o no es.

Querétaro necesita más que intención; requiere respuestas tácticas y anímicas urgentes. Porque cuando la derrota deja de ser excepción y se convierte en costumbre, el desafío ya no es solo sumar puntos, sino recuperar identidad.

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