Entrevistar a Claudia Ivette Lozoya Lechuga no es sentarse frente a una portera más. Es dialogar con una futbolista que ha vivido, prácticamente, toda la historia de la Liga MX Femenil en carne propia. Su trayectoria no se mide únicamente en partidos, títulos o estadísticas, sino en resistencia emocional, evolución mental y capacidad de reinventarse cuando el futbol dejó de ser sencillo.
Originaria de Chihuahua, Claudia forjó su carácter lejos de los reflectores. Desde la Universidad Autónoma de Chihuahua comenzó a construir una carrera sólida, marcada por la influencia de Paola Martínez, entrenadora clave en su formación. En la entrevista, Lozoya reconoce que gran parte de su lectura de juego, técnica y personalidad bajo los tres palos se gestó ahí. No es casualidad que el fútbol sala, disciplina que también practicó, haya sido determinante para su rapidez mental, reflejos y toma de decisiones, cualidades que hoy definen su estilo.
En 2016 llegó el primer gran salto: Monterrey. Claudia salió de su estado natal junto a Alexia Frías para sumarse a un proyecto que apenas estaba naciendo. Un año después, fue portera titular en el primer once inicial de Rayadas en la historia de la Liga MX Femenil, jugó el primer Clásico Regio femenil y debutó en Copa MX ante América. Sin saberlo, estaba ayudando a construir una rivalidad que hoy es pilar del futbol femenil mexicano.
Pero el camino no fue indulgente. Las finales perdidas ante Tigres marcaron un antes y un después. La del Clausura 2018 sigue siendo una herida abierta: atajadas decisivas, un empate agónico con polémica arbitral y una tanda de penales que se escapó. Luego vino otra final perdida. Y con ella, el desgaste. Claudia lo reconoce con una honestidad poco común: hubo un punto en el que dejó de disfrutar jugar al futbol.
Ahí aparece uno de los mensajes más valiosos de la entrevista. Lozoya entendió que la lucha ya no era solo deportiva, sino mental. Ansiedad, presión y autoexigencia extrema la llevaron a buscar ayuda psicológica. Lejos de ser un signo de debilidad, fue el punto de quiebre que la salvó. Trabajar la mente le permitió volver a creer en sí misma y reencontrarse con la portera que siempre fue.
La recompensa llegó. Dos títulos con Rayadas, ambos ante Tigres. La redención completa. Claudia se convirtió en la primera portera titular en levantar un campeonato con el club. Cinco finales disputadas resumen su etapa en Monterrey: tres perdidas, dos ganadas, todas formativas.
En 2023 tomó otra decisión valiente: salir de Rayadas. Mazatlán representó un reinicio. “Toqué fondo para resurgir”, escribió entonces. Fue un periodo corto, pero necesario para reconstruirse desde otro lugar, lejos de la comodidad y del peso histórico.
Hoy, Claudia Lozoya defiende el arco de Gallos Femenil y alcanzó una cifra que habla de constancia: 150 partidos disputados en Liga MX Femenil, logrados con la camiseta de Querétaro. No es un dato menor en una liga joven, exigente y cambiante.
El 31 de enero de 2025, ante Tigres en el Corregidora, firmó una actuación memorable: diez atajadas, cinco dentro del área y un empate que supo a reivindicación. Fue experiencia pura. Fue una portera que ya entendió que los grandes partidos también se juegan con la cabeza.
Fuera de la cancha, Lozoya muestra una versión completa: relaciones sólidas dentro y fuera del vestidor, admiración por referentes como Christiane Endler y Hope Solo, amor por su familia, por su sobrino, por su perrito Taco y una visión clara de futuro: ser entrenadora de porteras cuando llegue el retiro.
Claudia Lozoya no solo ataja balones. Ataja momentos, dudas y silencios. Y hoy, desde Querétaro, sigue demostrando que el arco también se defiende con carácter.