Por Ramón Estévez
Perder duele, pero también enseña y fortalece. Gallos Blancos lo comprobó en apenas una semana.
Frente a Toluca, en el Estadio Corregidora, se vivió una derrota especialmente dolorosa porque las circunstancias habían ofrecido oportunidades suficientes para obtener algo más. Aquella noche, Querétaro no supo aprovecharlas y se quedó únicamente con la posibilidad de aprender.
En el fútbol, como en la vida, existen momentos en los que las oportunidades se presentan, pero también hay que tener la capacidad para saber aprovecharlas.
Una semana después, en el Estadio Jalisco, apareció un examen similar. Esta vez, Querétaro entendió el momento, tuvo paciencia, aprovechó la superioridad y terminó imponiéndose. Las circunstancias volvieron a favorecerlo, pero ahora sí supo ganar.
Ahí está, quizá, el valor más grande de la victoria. No solamente fueron tres puntos, sino la evidencia inmediata de que un equipo puede equivocarse, pero debe seguir trabajando y después levantarse para volver a combatir.
La derrota contra Toluca no desapareció, pero adquirió otro significado. Dejó de ser únicamente una noche amarga para convertirse en una lección valiosa que encontró respuesta apenas siete días después.
Santiago Homenchenko atraviesa un gran momento y sus goles han sido determinantes, pero Esteban González colocó, después del triunfo, una idea por encima de cualquier individualidad: “no hay nadie más importante que el equipo”.
El Chino explicó que los rendimientos individuales crecen cuando existe detrás una estructura colectiva capaz de sostenerlos. Querétaro presiona, recupera, corre, se adapta y posee una flexibilidad táctica que le permite modificar estructuras y funciones durante los partidos.
Quizá la principal transformación del equipo queretano esté ocurriendo en la ambición. El entrenador chileno insiste en que este equipo “no tiene techo, no tiene límites”, una frase que cobra sentido cuando se acompaña de trabajo y humildad.
Los Gallos Blancos y su afición no deben sentirse inferiores a nadie. Frente a cualquier rival hay once futbolistas contra once, y competir exige intensidad, concentración, inteligencia y la convicción de poder ganar.
El Querétaro Futbol Club compite partido a partido y, con los pies en el césped, sueña con la posibilidad de levantar la primera en el torneo Apertura 2026.