Los de cada quince 

Los abonados del Club Querétaro tuvieron un evento especial, aquellos con asistencia perfecta fueron invitados a  ‘Gallo de Honor', evento con directiva y abonados que dejó algo más que preguntas y respuestas entre directiva y abonados. Dejó, sobre todo, la sensación de que por fin existe un espacio donde la voz del aficionado comienza a ser escuchada de frente, sin intermediarios y sin el distanciamiento que durante años marcó la relación entre el club y su gente. Y eso, en un entorno como el de Gallos Blancos, no es un detalle menor.

La directiva presentó avances que, sin duda, merecen ser reconocidos. La evolución del Bono Gallo a un formato anual, con fases de renovación y precios preferenciales para abonados, así como la posibilidad de meses sin intereses,también se anunció el ajuste de precios en todas las secciones del estadio y la creación de nuevas zonas para mejorar la experiencia en La Corregidora. A eso se suma el trabajo por devolver el color a la casa de Gallos, mantener un ambiente familiar, impedir la entrada de barra visitante, recuperar las banderas en las gradas, abrir una tienda en línea de mercancía y hasta traer de vuelta el reloj gigante al estadio. En lo deportivo, el reinicio de la metodología de formación integral en fuerzas básicas y la intención de fichar bajo una lógica de identidad apuntan a una idea que la afición ha exigido durante años: construir un equipo que no solo compita, sino que represente.

Sin embargo, reconocer los avances no significa cerrar los ojos ante lo que todavía falta. Porque el entusiasmo de este tipo de eventos no debe servir para maquillar una realidad más compleja: la del abonado que durante mucho tiempo se ha sentido visitante en su propio estadio. Esa es, quizá, la herida más profunda que arrastra la afición queretana.

Se dan pasos hacia adelante sembrando esta comunicación, cercanía y una estructura en la que el abonado se es considerado parte del proyecto, no solo como cliente, sino como identidad viva del equipo. Porque el aficionado no solo compra un lugar en la grada: compra la ilusión de pertenecer, de sentirse en casa, de cantar sin miedo y de acompañar a su equipo sin que la experiencia esté marcada por la represión o por decisiones que parecen pensadas para alejar más que para integrar.

El diálogo entre directiva y afición funcionó, pero debe convertirse en costumbre, no en excepción. Porque escuchar a la tribuna cuando conviene no es suficiente; hay que integrarla cuando incomoda, cuando cuestiona y cuando exige.

Por eso, lo que dejó ‘Gallo de Honor’ es una señal valiosa, pero también una advertencia. Sí, hay voluntad de cambiar. Sí, hay movimientos para acercar al aficionado. Sí, hay intentos por devolverle vida a La Corregidora. Pero la verdadera prueba será sostener todo eso cuando pasen los aplausos y las fotos. Ahí sabremos si realmente se está construyendo un club con identidad o si solo se está maquillando una crisis de pertenencia.

El abonado queretano no pide privilegios; pide ser tratado como parte esencial del proyecto. Pide dejar de sentirse visitante en su propia casa. Pide que el discurso del arraigo se convierta en práctica. Y pide, sobre todo, que el color que quieren devolverle al estadio no sea solo visual, sino también emocional, social y futbolístico.

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