Abril debe leerse como el mes para dejar buenas sensaciones, aunque el torneo ya venga cargando demasiadas dudas. Querétaro llega a este tramo en el lugar 17 de la tabla y con seis partidos en el mes: Toluca, Juárez, Necaxa, Mazatlán, Cruz Azul y Puebla, entre el 4 y el 24 de abril. Eso convierte cada jornada en algo más que una simple cita de calendario: es una oportunidad para reconciliarse con la afición, para demostrar que todavía hay posibilidad de sacar la cresta para evitar que el cierre del torneo se recuerde como una larga despedida sin carácter en este inicio del proyecto de Esteban Gonzalez.
Porque al final, lo que más pesa en un equipo como Gallos no siempre es la posición en la tabla, sino la sensación que deja. Y ese es justamente el reto de abril: que el aficionado no sienta que el torneo terminó antes de tiempo, sino que vea a un equipo dispuesto a pelear hasta la última pelota. No se trata únicamente de sumar puntos, que claro que hacen falta; se trata de competir con dignidad, de correr con orgullo y de hacer que cada partido deje una imagen que no avergüence. En un torneo donde ya no sobra nada, todavía queda la posibilidad de ofrecerle al seguidor algo básico pero valioso: entrega, orden y una señal de que el proyecto no se cayó por completo.
Por eso abril tiene que jugarse con otra mentalidad. No como un mes de trámite, sino como una prueba de carácter. Si el Gallo logra cerrar este tramo con partidos intensos, con actitud y con una propuesta que al menos invite a creer, entonces habrá hecho algo importante: no solamente terminar el torneo, sino dejar una mejor impresión en la gente que lo sigue, lo sufre y todavía lo espera. Porque a veces, en equipos como Querétaro, gustar al aficionado no significa deslumbrarlo; significa convencerlo de que todavía vale la pena volver.